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Declaración en repudio de la agresión que sufriera la rectora de la Universidad Nacional de Lanús Dra. Ana Jaramillo. Por la dignificación de nuestra memoria colectiva, repudiamos la agresión.
Los abajo firmantes repudiamos la agresión de la cual fuera objeto la Sra. Rectora de la Universidad Nacional de Lanús, Dra. Ana Jaramillo, por parte de un grupo de ex combatientes de Malvinas autodenominado “Memoria, Paz y Soberanía”, en un documento publicado el domingo 26 de febrero de 2012 en el periódico Página 12.
En democracia todo debate debe ser recibido con beneplácito. Todo intercambio de ideas no hace más que enriquecer y fortalecer el sistema. Pero dicho intercambio debe encontrar límite preciso en la dignidad de las personas, un derecho humano universal y reconocido por nuestro texto constitucional.
Entendemos que quienes suscribieron el documento, maliciosamente, han intentado desconocer el expreso y sistemático compromiso de Ana Jaramillo con la lucha por la vigencia integral de los derechos humanos en nuestro país y en América Latina, además de su incansable batallar contra la dictadura cívico militar que asoló al país a partir del 24 de marzo de 1976.
Entendemos asimismo que la artera agresión contra la rectora de la Universidad Nacional de Lanús no constituye un hecho aislado, sino que forma parte de un dispositivo que intenta clausurar el debate y la discusión democrática, recurriendo para ello a la infamia y a la descalificación hacia todo aquel que proponga la revisión de nuestra historia.
La injusta y reiterada acometida contra Ana Jaramillo no se encuentra guiada por una eventual exaltación discursiva. Muy por el contario, responde a una matriz intelectual incapaz de comprender y hacer suya esa memoria popular por la que sus autores solo sienten vergüenza y a la que desprecian desde todo punto de vista. Quienes así proceden viven las expresiones vitales del pueblo como una amenaza que podría arrebatarles el privilegio de ser los dueños de la verdad y de la historia. El miedo no es zonzo, tienen razón.
A lo largo de tres décadas, la desmalvinización ha sido justamente esto: la clausura de todos los debates, el secuestro de la verdad y la justicia, la imposición del silenciamiento y la apropiación de los sitiales del saber. No importa si es de derecha, liberal o progresista, la desmalvinización es por principio autoritaria.

