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lunes, 30 de septiembre de 2013

Méritos de la Filosofía Kantiana (III) – La total demolición de la filosofía escolástica

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por Arthur Schopenhauer 

Como tercer punto [referente a los méritos de Kant]* podemos contemplar la total demolición de la filosofía escolástica, nombre este con el que quisiera aquí designar en general todo el periodo que comienza con el Padre de la Iglesia Agustín y concluye justo antes de Kant. Pues el carácter principal de la escolástica es el que con gran acierto indicó Tennemann: la tutela de la religión nacional dominante sobre la filosofía, a la que en realidad no le quedó nada más que demostrar y adornar los dogmas principales que aquella le prescribió. (…) Kant se atrevió a probar desde su teoría el carácter indemostrable de todos aquellos dogmas tan a menudo aparentemente demostrados. La teología especulativa y la psicología racional conectada con ella recibieron de él el golpe de muerte. Desde entonces han desaparecido de la filosofía alemana; y uno no puede dejarse engañar por el hecho de que el término se mantenga aquí o allá después de abandonado el asunto o porque algún miserable profesor de filosofía tenga presente el miedo a su señor, y haga «que la verdad sea la verdad». La magnitud de este mérito kantiano solo puede apreciarla quien haya reparado en el influjo perjudicial de aquellos conceptos sobre la ciencia natural y la filosofía en todos los autores de los siglos XVII y XVIII, incluso en los mejores. (…) Así que a Kant le estaba reservada la tarea de que el punto de vista idealista, que en toda el Asia no islamizada es esencial incluso en la religión, llegase a dominar en Europa, al menos en la filosofía. Antes de Kant estábamos en el tiempo; ahora el tiempo está en nosotros. (…) Kant separó totalmente del fenómeno y sus leyes la innegable significación ética de las acciones, mostrando que esta afecta inmediatamente a la cosa en sí, a la más íntima esencia del mundo, mientras que aquel, o sea, el espacio, el tiempo y todo lo que los llena y se ordena en ellos según la ley de causalidad, ha de considerarse como un sueño efímero e irreal. Estas pocas y de ninguna manera exhaustivas consideraciones pueden bastar como testimonio de mi reconocimiento del gran mérito de Kant, rendido aquí para mi propia satisfacción y porque la justicia exigía que trajese ese mérito a la memoria de todo el que me quiera seguir en el inmisericorde descubrimiento de sus faltas, al que paso ahora. (…)

* Nota [extra-textual] del editor de El Frente para contextualizar el extracto.
* SCHOPENHAUER, A. El Mundo como Voluntad y Representación. Trotta. Madrid. 2009. p. 491 y ss.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Méritos de la Filosofía Kantiana (II): Pensar el acto moral fuera de las leyes del Fenómeno

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por Arthur Schopenhauer

Mas todo esto se basa en la distinción fundamental entre filosofía dogmática y filosofía crítica o transcendental. Quien quiera hacerse comprensible esa distinción y representársela en un ejemplo, puede hacerlo con toda rapidez leyendo como espécimen de la filosofía dogmática un artículo de Leibniz que lleva por título De rerum originatione radicali y que fue impreso por primera vez en la edición de las obras filosóficas de Leibniz de Erdmann, volumen 1, página 147. El origen y la excelente condición del mundo son ahí expuestos a priori sobre la base de las veritatum aeternarum*, de una forma realista-dogmática y con la utilización del argumento ontológico y el cosmológico. Incidentalmente se admite que la experiencia manifiesta exactamente lo contrario de la excelencia del mundo aquí demostrada, pero se sostiene que la experiencia no entiende nada de aquello sobre lo que quiere hablar y debe callarse la boca cuando la filosofía ha hablado a priori. Como antagonista de todo ese método surge con Kant la filosofía crítica, que pone en cuestión justamente las veritates aeternas* que servían de cimiento a toda aquella construcción dogmática, investiga su origen y lo halla en la inteligencia humana, donde se originan aquellas ideas a partir de las formas que le son propias y que ella lleva en sí de cara a la concepción de un mundo objetivo. Así que allí, en el cerebro, está la cantera que suministra el material a aquella orgullosa construcción dogmática. Pero para llegar a ese resultado la filosofía crítica tuvo que transcender las veritates aeternassobre las que se fundó todo el dogmatismo precedente, a fin de convertirlas en objeto de su investigación; y de ese modo se convirtió en filosofía transcendental. De esta se infiere además que el mundo objetivo, tal y como nosotros lo conocemos, no pertenece a la esencia de las cosas en sí mismas, sino que es un mero fenómeno de estas condicionado por aquellas formas que están ubicadas a priori en el intelecto humano (es decir, el cerebro), y de ahí que no pueda tampoco contener nada más que fenómenos. (…) Él no reconoció la cosa en sí directamente en la voluntad, pero dio un paso grande y revolucionario hacia ese conocimiento, al exponer que la innegable significación moral de la conducta humana es totalmente distinta e independiente de las leyes del fenómeno, y que nunca se puede explicar de acuerdo con él sino que afecta inmediatamente a la cosa en sí: este es el segundo aspecto principal de su mérito.

* Nota de El Frente: "Verdades eternas", se entiende, de la religión cristiana.
* SCHOPENHAUER, A. El Mundo como Voluntad y Representación. Trotta. Madrid. 2009. p. 491 y ss.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Méritos de la Filosofía Kantiana (I): La clara distinción entre fenómeno y cosa-en-sí

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por Arthur Schopenhauer

Mi línea de pensamiento, por muy distinta que sea en su contenido de la kantiana, está manifiestamente bajo su influencia, la supone necesariamente, arranca de ella; y reconozco que lo mejor de mi propio desarrollo se lo debo, además de a la impresión del mundo intuitivo, a la de las obras de Kant, la de los escritos sagrados de los hindúes y la de Platón. (…) El mayor mérito de Kant es la distinción entre el fenómeno y la cosa en sí, fundada en la demostración de que entre las cosas y nosotros está siempre el intelecto, por lo que aquellas no pueden ser conocidas según lo que puedan ser en sí mismas (…) Con este fin, Kant tuvo que acometer la gran separación entre conocimiento a priori y a posteriori, cosa que antes de él nunca se había hecho con el pertinente rigor y totalidad ni con clara conciencia; por eso fue esta la materia principal de sus profundas investigaciones. (…) Pues él presentó aquí, descubierta por sí misma, de forma totalmente nueva, desde un nuevo aspecto y por una nueva vía, la misma verdad que ya Platón repitió incansablemente y que en su lenguaje formula la mayoría de las veces así: este mundo que aparece a los sentidos no tiene un verdadero ser sino un incesante devenir, es y al mismo tiempo no es, y su captación no es tanto un conocimiento como una ilusión. (…) La misma verdad, de nuevo expresada de una forma totalmente distinta, constituye también una doctrina principal de los Vedas y Puranas, la doctrina de Maya, con la que no se entiende sino lo que Kant denominó el fenómeno por oposición a la cosa en sí: pues la obra de Maya se delata justamente en la forma de este mundo sensible en el que estamos: un hechizo provocado, una apariencia inestable, irreal en sí misma y comparable a la ilusión óptica y el sueño; un velo que envuelve la conciencia humana, un algo de lo que es igualmente falso que verdadero decir que es como que no es. - Pero Kant no solo expresó la misma doctrina de una forma totalmente nueva y original sino que, con la más sosegada y sobria exposición la convirtió en una verdad demostrada e indiscutible; mientras que tanto Platón como los hindúes habían fundado sus afirmaciones en una mera intuición general del mundo, formulándolas como expresión inmediata de su conciencia y exponiéndolas de una forma más mítica y poética que filosófica y clara.. (…) El conocimiento claro y la sosegada y reflexiva exposición de esa condición onírica del mundo constituyen verdaderamente la base de toda la filosofía kantiana, su alma y su mérito supremo. Kant la desarrolló con admirable reflexión y habilidad, analizando y presentando pieza por pieza toda la maquinaria de nuestra facultad de conocer mediante la cual se produce la fantasmagoria del mundo objetivo. (…) Él mostró que las leyes que imperan con inquebrantable necesidad en la existencia, es decir, en la experiencia en general, no son aplicables para deducir y explicar la existencia misma. (…) Kant mostró que aquellas leyes y, en consecuencia, el mundo mismo, están condicionados por las formas cognoscitivas del sujeto; de donde resultaba que, mientras uno siguiera investigando y concluyendo al hilo de ellas, no daría un paso adelante en la cuestión principal, es decir, en el conocimiento de la esencia del mundo en sí y fuera de la representación, sino que solo se movería como la ardilla en la rueda. (…)

* SCHOPENHAUER, A. El Mundo como Voluntad y Representación. Trotta. Madrid. 2009. p. 491 y ss.